El pasado día 9 de junio, en el Colegio Mayor Mendel la Pastoral Universitaria se celebró una cena con profesores y con nuestro Arzobispo D. Carlos Osoro. A continuación reproducimos las palabras de saludo y presentación del encuentro por parte del Padre Feliciano Rodríguez, Delegado Episcopal de Pastoral Universitaria.   

Palabras de saludo y presentación del Delegado en el Encuentro con los profesores - 9 de junio

 

LA UNIVERSIDAD HOY, AREÓPAGO DEL SABER Y PERIFERIA EXISTENCIAL

Estimados profesoras y profesores, amigos todos del mundo universitario:

Quiero agradecerles personalmente su presencia y participación en esta cita anual con nuestro Obispo, D. Carlos, que nos da la oportunidad de conocernos más y de estimularnos mutuamente en esta tarea común de construir día a día la Universidad, tratando de que sea lo mejor posible esa “casa común donde se busque la verdad propia de la persona humana”. A nosotros nos toca poner nuestro granito de arena.

Además de agradecerles su presencia me gustaría también que este encuentro, fiel a sus objetivos, sea una pequeña ayuda, un estímulo para proseguir sin cansarnos en esta tarea verdaderamente meritoria que tenemos entre manos. Por eso permítanme, antes de dar la palabra a D. Carlos, que hablará con más autoridad de esto y cuya palabra de Pastor nos puede iluminar y confortar, permítanme dos palabras, consciente de que me dirijo a universitarios cristianos o, al menos, a universitarios verdaderamente preocupados por el buen ser de la Universidad.

Son de sobra conocidos los vínculos que unen a la Iglesia con la Universidad, desde el origen mismo de ésta. Y la razón es clara: la fe nos abre a la verdad, la fe exige la búsqueda de la verdad, la fe exige la racionalidad. Benedicto XVI lo sintetizaba así en el inolvidable encuentro de El Escorial: “No es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor”. El Santo Padre alertaba así de los peligros que enferman y pueden amenazar de muerte a la institución universitaria.

Puede resultarnos luminoso contemplar y analizar hoy a la Universidad como un decisivo Areópago del Saber y de la Cultura y como una importante Periferia existencial necesitada de ser evangelizada.

En cuanto Areópago de la Sabiduría humana, la Universidad está obligada a seguir iluminando con la luz de la verdad la entera realidad humana. Es el permanente y decisivo reto del que de ninguna manera puede ni debe desentenderse sin correr el riesgo de desnaturalizarse. Este reto exige de nosotros, profesores y docentes, ser personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber; personas que sepan escuchar y vivir el necesario diálogo interdisciplinar; personas convencidas de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. Personas, en fin, (y nos hacemos eco de nuevo de las palabras del Papa Benedicto) que no reduzcan su tarea de enseñar a la mera comunicación de contenidos, sino que susciten en los jóvenes, a los que deben comprender y querer, la sed de verdad que poseen y su mismo afán de superación. Esto es trasmitir el ideal universitario, anunciándolo con palabras, pero sobre todo viviéndolo.

Pero la Universidad es también hoy para la Iglesia una Periferia existencial especialmente importante. La expresión, como sabemos, es del Papa Francisco. Con ella se refiere a esa inmensa gama de realidades sociales (tan amplia como el corazón mismo de la sociedad) especialmente necesitadas de la luz del evangelio: periferias del dolor, de la injusticia, de la pobreza, de la marginación…, en general, periferias de cualquier tipo de miseria humana. Pero también periferias del pensamiento: la ignorancia, las tinieblas del error y de la mentira, las periferias que generan las falsas ideologías. Si, como dice Francisco, estas periferias son producto de la falta de la potente luz que arrojan la verdad y el amor, hoy nuestra Universidad necesita con urgencia contrastarse con la luz del Evangelio.
Estamos convencidos con el Papa Francisco, (que quiere una Iglesia no mirándose a sí misma, sino volcada enteramente en la misión), que evangelizar esta Periferia que es hoy la Universidad exige al cristiano la parresía de salir de sí mismo, la valentía del verdadero testimonio cristiano, la defensa sin fisuras de la verdad, aun en los foros donde no es políticamente correcto proclamarla. Si Evangelizar, como decimos, es iluminar con la luz del evangelio, con la Luz de Dios una determinada realidad humana, esto referido a la Universidad es sencillamente imposible sin los universitarios católicos. A ellos, a vosotros, corresponde principalmente esta decisiva tarea.

La Pastoral Universitaria de Madrid, cuyos protagonistas son precisamente todos los bautizados universitarios, siguiendo las directrices de nuestro Pastor, y en sintonía con las preocupaciones del Santo Padre, se sitúa en esta perspectiva, en este horizonte de acción. Contad siempre con el apoyo de vuestros capellanes, de vuestros pastores.

Gracias por vuestro trabajo y vuestra generosa e importante labor.

Feliciano Rodríguez Gutiérrez.
Delegado Episcopal de Pastoral Universitaria.
Madrid, 9 de junio de 2016.

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